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martes, 2 de abril de 2013

El eterno femenino: Rosario Castellanos

FEMINEIDAD Y FARSA
María de Jesús Gómez Lazos 

                                                                              “¡Somos tan pocas las mujeres mexicanas que hemos pasado a la historia![i]
 
La mujer y el teatro en México han tenido pocos puntos de encuentro. Son pocas autoras, pocas obras; Rosario Castellanos por ejemplo, “Judith y Salomé”, “Teatro Petul”, “Tablero de damas”  y “El eterno femenino”.  ¿Por qué? “no hay otra alternativa, si pensamos que nuestra misión en el mundo es perpetuar la especie[ii]”.  Ante tales circunstancias, nadie puede negar la eficacia, aunque no siempre eficiencia, de las mexicanas.

Castellanos, dedicó mayor porcentaje de su actividad creadora a la poesía, la novela, el cuento e incluso el ensayo; sin embargo, no deja de ser importante su intervención en el teatro, sobre todo con su obra póstuma El eterno femenino. En ella reúne, bajo una capa de humor e ironía; sus preocupaciones y denuncias  hacía la supuesta feminidad nacional.

La obra nace a raíz de la propuesta de Emma Teresa Armendáriz. Quien en una entrevista con Javier Galindo, relata: “desde un inicio me dijo que no sabía escribir teatro. Lo había intentado con dos obras en verso […] pero no estaba satisfecha[iii]”. Rosario juzgaba su propio trabajo,  conocía sus posibilidades y su carácter; quizá por eso eligió la farsa.

Este género “critica los vicios y errores de personajes grotescos que intentan transgredir la norma moral, histórica y social en que se desarrolla la obra, cuya estructura formal es simple[iv]”. La farsa le facilitó a Castellanos jugar con múltiples caras de mujer, con un sin fin de situaciones que van desde la joven que quiere casarse, hasta la prostituta, la  que practica yoga por ser “lo que se usa ahora[v] o la que ingresa al convento “por sentido práctico[vi]. Y todo cupo en su carcajada; incluso el vestuario: 

“El encargado de la decoración. No tratará, en ningún momento, de ser realista, sino de captar la esencia, el rasgo definitivo de una persona, de una moda, de una época. Es aconsejable la exageración, de la misma manera que la usan los caricaturistas, a quienes les bastan unas cuantas líneas para que el público identifique a los modelos en los que se inspiraron sus figuras[vii] 

Caricaturas, así son los personajes en El eterno femenino. Caricaturas que se empeñan en serlo y a fuerza de insistir se tornan realistas; en tanto que son reflejo de la realidad “objetiva”, de la “verdad”. En la misma entrevista con Galindo, cuenta la actriz: “El Teatro Hidalgo se llenó de intelectuales, artistas, poetas y público en general. Pero resulta que la obra es terriblemente mordaz, satírica, donde la gente se moría de risa y se reía de sí misma. Algunas personas se enojaron. Decían que la obra había ofendido a la mujer mexicana[viii]. Como dice el dicho… no duele, pero incomoda.

Lupita, la protagonista, está en el salón de belleza; la van a peinar para su boda. La dueña del salón prueba un nuevo aparato, que se adapta a la corriente eléctrica del secador y produce sueños a las usuarias, “con tal de no pensar[ix]”. Lo estrenan con Lupita, en la modalidad de “¿Qué me reserva el porvenir?[x]”.  El sueño se convierte en pesadilla; los celos del esposo, la madre, los hijos, la amante, el asesinato, la vejez. Ella despierta perturbada pero vuelve a meter la cabeza en el secador; entonces hace un recorrido histórico, desde Eva hasta la Adelita, pasando por Sor Juana, la Corregidora, etcétera. Vuelve a despertar, gracias a un apagón. Su cabello es un desastre, no hay otra solución que pelucas.

La obra consta de tres actos largos. En su estreno se llevaron a escena sólo el primero y tercero, sin detrimento del efecto final; y no porque el paso por la feria y el museo sean irrelevantes,  sino porque cada fragmento tiene su propia fuerza.  Algunas escenas son de tal peso que podrían presentarse independientemente sin problema; tal es el caso de la versión de Eva y Adán, Los Corregidores, La vida matrimonial de Lupita o “La mujer de acción[xi]”. Son cuerpos  enteros en sí mismos, enlazados únicamente por la lógica de los sueños. Eva, la primera, es molde de las otras; como dice el corrido final, esas otras que “infestan la tierra […] serpientes disfrazadas[xii]”.  “La propuesta teatral de El eterno femenino […] fue muy criticable por los difíciles cambios escénicos aparentemente inconexos[xiii]”.

Otra dificultad de montar esta obra, es la diversidad de escenarios; el salón de belleza, la casa de Lupita, los diferentes foros de televisión, la feria, el museo, el paraíso, la casa de Manuel Acuña, la calle, la casa de la usurpadora, etc. A pesar de que se pretenda realizar con austeridad, son tantos los elementos requeridos que la puesta en escena es costosa.

Los personajes son casi inasibles, ni Rosario se tomó la molestia de enumerarlos, so pretexto de “no olvidar/ a ninguna[xiv]. Por mi parte retomaré los “indispensables”: 

Lupita

Una joven mexicana como cualquier otra, de ahí su nombre. No es explícito, pero de niña su mamá le contó, por lo menos Cenicienta y Blanca Nieves; luego conforme pasaron los años fue introduciéndose en asuntos más serios, las siempre familiares y entretenedoras telenovelas. Ha llegado al “día más feliz de su vida”, ¿qué pasará después?, hasta donde sabe “vivirán felices para siempre”, entonces aparece solemnemente la palabra “FIN”; es decir, la muerte.

Pero antes de tocar algo tan íntimo, “dime cómo mueres y te diré quién eres[xv] ¿Quién es Lupita?

Padece una adicción al “té con hojitas de tenme acá[xvi]”.  Esas hojas tienen una peculiaridad, sólo los niños las compran. El mocoso sin hermanos, no es el caso de Juanito, al no tener a quién molestar va con la madre o el padre; ellos muy propios, muy en su sitio, envían al pequeño a comprar “tenéme aquí”,  con la abuela o la tía, alguien desocupado que pueda hacerse cargo por un tiempo del susodicho. Lupita es una niña y una molestia.

Niña porque para obtener su felicidad sigue el programa de los cuentos de hadas y las telenovelas, espera “realizarse como mujer” con el casamiento y la maternidad; después de todo “no hay felicidad comparable a la de ser madre […] aunque […] cueste como en muchos casos, la vida[xvii]”.

Se asume como una molestia y lo es en ciertos casos; para su mamá, Lupita II, Juan, la dueña del salón de belleza, ¡la secretaria! Es una molestia para sí misma, porque no sabe que hacer de su existencia. Recurre a un plan preestablecido, pero éste se agota el día de su boda y por una imperfección de la realidad ella no muere, ni se detiene el tiempo en un éxtasis eterno, la vida sigue en potencia.

¿Qué puede ser Lupita? 

Mamá

Dice Lupita, eco de su madre, “ni más ni mejor de lo que yo fui[xviii]”. Rosario Castellanos denuncia la cadena de imitación que hay en México en torno al modo “femenino” de ser. La mamá de Lupita es Lupita en mamá.

No es niña pero no renuncia a serlo. Ha perdido la inocencia, pues no hay mancha de plasma que valga contra la evidencia de los hijos. Sin embargo, se ocupa en trabajar la forma; el modo más simple es la impotencia, la dependencia, la vulnerabilidad.

Cuanto más pequeños e indefensos son los niños, más lloran. Así, el sufrimiento se convierte en el estado “digno” de ser mujer; “una señora decente no tiene ningún motivo para ser feliz… y si lo tiene, lo disimula[xix]”;  de lo cual podría continuar: o lo elimina con agua salada.

“La que nos amó antes de conocernos se lo merece todo[xx]”. ¿Amó?... En fin, lo importante en esta frase es que se lo merece todo, menos la felicidad; porque la maternidad, para Lupita y su mamá, es un sacrificio.

Pero esta mamá también es feliz, cuando se encuentra viuda, sin el peso de los hijos, y malcriando a sus nietos, en venganza. Es más feliz conforme se acerca a su muerte física. 

Prostituta

La mujer “indigna” también disimula para no “desanimar a la clientela[xxi], tanta es la desdicha…Oculta su voluntad, porque sería menos atractiva con esa característica.

Se trata de una mujer de negocios, conoce las necesidades del mercado y conforme a ellas ofrece su producto. Como buena emprendedora es capaz de renunciar incluso a la fama de serlo, siempre que consiga el éxito; y éste se mide en términos monetarios.

En toda transacción comercial capitalista “el pez grande se come al chico”; el dinero no se crea ni se destruye, sólo cambia de mano. Se trata de “salvajismo de mercado” en pleno. La constitución física masculina es por lo general más fuerte que la femenina; por eso la prostituta requiere “protección”, “vigilancia”, es asunto de vida o muerte y el servicio se paga. Ni modo: gajes del oficio, lo mismo pagarle al Cinturita o a Carstens.

Usurpadora

“La querida. A la querida se la quiere[xxii]. La mujer que enarbola la bandera del amor,  “lo único por lo que vale la pena vivir[xxiii]. Se da toda cuando lo encuentra, sin importar el que dirán.

Pero ¿qué es el amor? No voy a desarrollar aquí este problema, pero ella tampoco lo hizo, apostó sin ver, sin saber; para qué si contaba con “el sexto sentido con que [la] dotó la naturaleza[xxiv]”.  

No es valiente, se tapa con su bandera y le “da miedo dormir sola[xxv]”. En consecuencia no es capaz de encarar a su amante “para que él no se sienta culpable ni asqueado[xxvi]”.

Mientras ella se forja ilusiones, para su amante es una cosa desechable que ni siquiera merece llamarse esposa. 

Celebridad

La mujer con cierta virtud destacable, pero subsumida voluntariamente ante el hombre, sea esposo o representante, o ambas: “si no fuera por él[xxvii] no sería nada. 

Funcionaria

Es una reproductora de discursos hechos. Ignorante, sabe hablar bien sin pensar.  

Astrónoma

La casualidad la ha llevado a la fama, sin suerte sería una soltera más, deslucida, fácil de ignorar y olvidar, un cero a la izquierda.

Los últimos tres personajes están definidos en la obra fuera de Lupita; sin embargo, ella puede ser cada una de ellas, y muchas más, se agotó el programa sin defunciones, Lupita es posibilidad en sí.

Castellanos muestra también su visión de las excepciones, las mujeres que sí ocupan un lugar en la historia de nuestro país. Esto es ficción, pero queda claro que sus motivos fueron distintos, cada una tiene una personalidad diferente, inconfundible: la Adelita es la Adelita y no Sor Juana, ni Doña Josefa es Rosario “la del nocturno”. Son mujeres que inventaron, a pesar de las circunstancias se atrevieron a crearse. ¿Fueron felices? Bastante es que fueron. 

Juan

El macho mexicano promedio, un Juan cualquiera. Se casa y espera de su mujer, no inteligencia, ni siquiera virtud; su preocupación es “¿te gustó?[xxviii]”.  Se impone, reclama obediencia, basa su virilidad en la fuerza por la que obliga: “va a llegar el momento en que no te vas a quejar de lo duro sino de lo tupido[xxix]”.

         Enemigo de su suegra y uno de sus más fieles cómplices; “Lupita, por favor, rápido, dime, rápido, qué es lo que se te antoja para ir a traértelo, pero de inmediato, o antes si es posible[xxx].

         A él no le gustaban los cuentos de hadas, desde chico fue muy hombre; para tratar a las mujeres eso basta.

         “Ni están todas las que son / ni son todas las que están[xxxi]. Lupita no es toda la mujer, ni Juan es todo el hombre. Son sólo caricaturas.  
 

El Eterno femenino es risa, llanto, denuncia… ¿feminista? sí, de una mujer pensando en las mujeres mexicanas; pero tiene un alcance que va más allá de los asuntos de género. Es una o uno (Lupita o Juan, o María o Pedro, o Lola o Emiliano) ante la vida. Ser lo que dicen todos, lo que dicta la costumbre, la censura (“Una trusa color carne -  que ha de producir, lo más posible, una impresión de desnudez[xxxii]”);  o ser lo que se quiere concientemente.

Rosario Castellanos, con el Eterno femenino muestra su visión particular, pero concluye “Lo demás es su problema[xxxiii]”.
 

María de Jesús Gómez Lazos es egresada de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
 

Obras consultadas:

Castellanos, Rosario. El eterno femenino. Fondo de Cultura Económica. México, 1975.

Galindo Ulloa, Javier. La farsa y la mujer mexicana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2004.



[i] Rosario Castellanos, El eterno femenino, p. 87.
[ii] Ibíd. p. 189
[iii] Javier Galindo,  La farsa y la mujer mexicana, p. 34.
[iv] Ibíd. p. 18
[v] Rosario Castellanos, Op. cit. 57
[vi] Ibíd. p. 108
[vii] Ibíd. p. 23
[viii] Ibíd. p. 35
[ix] Ibíd. p. 30
[x] Ibíd. p. 32
[xi] Ibíd. p. 169
[xii] Ibíd. p. 203
[xiii] Javier Galindo Ulloa. Op. Cit. p. 37
[xiv] Rosario Castellanos. Op. Cit. p. 204
[xv] Ibíd. p. 54
[xvi] Ibíd. p. 26
[xvii] Ibíd. p. 45
[xviii] Ibíd. p. 62
[xix] Ibíd. p. 39
[xx] Ibíd. p. 66
[xxi] Ibíd. p. 154
[xxii] Ibíd. p. 167
[xxiii] Ibíd. p. 159
[xxiv] Ibíd. p. 159
[xxv] Ibíd. p. 161
[xxvi] Ibíd. p. 164
[xxvii] Ibíd. p. 172
[xxviii] Ibíd. p. 35
[xxix] Ibíd. p. 36
[xxx] Ibíd. p. 43
[xxxi] Ibíd. p. 204
[xxxii] Ibíd. p. 32
[xxxiii] Ibíd. p. 196

martes, 2 de octubre de 2012

De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta: Sergio Witz


UN POETA DE TRES COLAS

María de Jesús Gómez Lazos


Conciencia es la primera palabra que se me ocurre al pensar en Sergio Witz y su libro De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta. Conciencia de sí mismo y de su quehacer poético en el marco de la situación económica y social que prevalece en nuestro mundo. ¿Quién es Sergio Witz? Es un poeta con tres colas, lanzado a los reflectores nacionales por un escándalo, debido a la divulgación de su poema “La patria entre mierda” en la revista Criterios. Dicha obra fue considerada como un insulto a los símbolos patrios por las fuertes palabras con que el autor habla de la bandera nacional.

El caso del poema llegó a la Suprema Corte de Justicia en enero del 2004 porque Sergio Witz promovió primero un amparo contra el auto de sujeción a procesos que le dictó un Juez de Distrito por ultrajes a los símbolos patrios, y posteriormente un recurso de revisión por el fallo que confirmó dicho auto. El 5 de octubre del 2005 la Primera Sala de la Corte emitió el fallo en sesión pública, donde se rechazó el proyecto de concederle el amparo que presentó uno de los ministros; la decisión fue dividida con una votación de tres contra dos. La sentencia se hizo pública hasta diciembre. Lo que la Suprema Corte tenía que decidir era si el delito de ultrajes de palabra a las insignias nacionales (Art. 91 del Código Penal Federal) era o no inconstitucional por oponerse a dos de los derechos constitucionales más importantes en una democracia, la libertad de manifestar ideas (libertad de expresión) y de publicarlas (libertad de prensa), respectivamente consagradas en el artículo 6° y 7° de la Constitución [1].

            Mucho se ha dicho respecto al texto en cuestión, más en materia jurídica que literaria. El análisis de dicha obra no es nuestro tema, sin embargo, aludir a ella es necesario para ubicar el contexto en que Witz escribió su libro De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta. Sobre “La patria entre mierda” el autor comentó para El Universal: “La intención primordial es hacer una crítica a lo que conocemos como patria y el símbolo que representa la identidad es la bandera. Más que un insulto fue una crítica hacia el falso patrioterismo” [2].  Witz concibe al patriota no sólo como el que elogia sino también como el que critica. Independientemente de las circunstancias por las que fue difundido el poema, lo interesante es observar la posición de Witz como poeta crítico. En la misma entrevista mencionó “Yo escribo de una manera que muestro la realidad de lo que veo, no utilizo el lenguaje literario para disfrazar las cosas […] Yo pienso que la poesía debe ser un medio para expresar verdades” [3].

            En De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta la ficción expresa una visión de la realidad  de la poesía como objeto de cambio en el mundo capitalista, y del poeta como la máquina que lo produce. El libro está dividido en dos partes: “Antes del espectáculo” y “Después del espectáculo”.  La primera nos muestra la transformación del poeta y la manera en que la empresa se le acerca. La segunda refiere las consecuencias del espectáculo, la relación con la empresa y la postura final del poeta. Toda la obra está escrita en verso libre, con un lenguaje llano, vívido y profundamente irónico. Las metáforas y símbolos no obscurecen su sentido que en general parece un grito a la conciencia del lector, grito que surge de la poesía misma que como una entidad autónoma posee al poeta.

            “Antes del espectáculo” comienza con la transformación del poeta, y ésta no se da por el hecho de escribir sino de leerse a sí mismo.

Reviso cada texto que escribo,
analizo las palabras y sucumbo a la tentación
de juzgarme a mí mismo, es entonces cuando
comienza el juego, cuando ocurre lo impensable:
me crecen tres colas [4]

            El acto de tomar conciencia de la propia obra convierte a quien lo experimenta en un ser extraño; porque en un mundo donde la mayoría se deja conducir por la moda, por lo que dice la televisión o la radio, es extraño el que se cuestiona a sí mismo. Esta indagación a su propia obra lleva a que el poeta se pregunte lo que es, si es humano, reptil, híbrido o “una especie / que genera la comercialización del engaño” [5].  Esta primera pregunta es crucial porque refleja la lucha interna del hombre que escribe, del que se encuentra ante la disyuntiva de defender la poesía pese a todo y seguir siendo humano o gozar de los privilegios que la fama puede generarle. Pareciera obvia y fácil; para un espíritu romántico la pregunta se contestaría fácil; sin embargo, no siempre es así, los privilegios y las ambiciones acechan al poeta desde fuera, pero también desde dentro, desde el terreno de sus deseos. El proceso de juzgar la obra que se publica, deja de ser el mero ejercicio del que perfecciona su arte, y se convierte en un trance traumático.

me salen espinas
espuma por la boca,
parezco epiléptico, mi columna vertebral
me obstaculiza y me atrapa,
todo corresponde a una degeneración,
todo resulta gracioso, amplio homeopático,
grotesco, insensible a la candidez
de los enfermos,
todo es un truco aparente
que nos aloca y nos divierte [6]

            Una voz desconocida le habla al poeta. Su discurso es seguro, atrevido, estudiado y descarado a veces; siempre en plural: “ya no tiene enemigos, / al contrario, somos una empresa / con el éxito en expansión” [7]. La gran empresa, el gran capital se acerca al poeta y como un demonio poseyendo a su víctima intenta seducirlo por medio de promesas. Es evidente que la voz no viene del dueño del capital, sino del hombre de la mercadotecnia, el que lleva las relaciones públicas, el que diseña y administra la imagen de la empresa. Cada palabra está estudiada aunque parece sincera, como un comercial de televisión; como la de un merolico insistente que a toda costa quiere vender.

            Lo primero que hace el merolico es ofrecer “tómese a nuestra salud otra copa” [8]. A partir de ese momento apela a los deseos de trascendencia del poeta, la fama que los medios pueden darle y lo que su obra puede llegar a ser en la sociedad de consumo “haremos un video / con cada uno de sus poemas” [9] “quizá deba filmar su vida” [10]. El poema sería el gancho para vender otros productos y sería un producto en sí mismo: “línea blanca de ninfas y dulcineas, / un supermercado de libros electrónicos” [11]. Todo pensado en función del capital, del costo beneficio. Cabe enfatizar que el seductor no oculta sus intenciones, pues dice claramente “privatizaremos sus versos” [12]; lo interesante es que lo propone rodeado de beneficios “dinero, dinero, dinero, / gástelo” [13]. El círculo vicioso perfecto. El poeta se ve imbuido en un mundo de consumo, en el que su obra es producto que vende productos y él es productor que compra productos; desde unos jeans hasta un automóvil. Por otra parte, la voz también advierte:

no son indispensables su valentía
sus ideas,
sus estados irónicos y depresivos,
sus obsesiones suicidas,
sus tendencias maniacas;

El ser humano, sus sentimientos y sus ideales pasan a último término porque “es importante mantener el rating” [14]. Todas las palabras del escritor, habladas o escritas, responden exclusivamente al índice de ventas. Si en tiempos pasados el escritor debía quedar bien con su mecenas; en esta realidad que nos muestra Witz, el escritor debe quedar bien con el público consumidor porque lo que no se vende no se publica. Cuántos escritores, como Amado Nervo por mencionar uno, sostuvieron que no había verdadera obra de arte que permaneciera en la oscuridad; me pregunto si en el mundo que muestra Witz esto puede sostenerse. El mismo Witz es un ejemplo, si se busca información en la red sobre él, encontramos muchísimos sitios sobre “La patria entre mierda”, su poema de escándalo; pero del resto de su obra casi nada, siendo que él mismo calificó el texto como “malo, poéticamente hablando” [15]. Los medios colocan el reflector en lo que vende y no en la calidad de las obras. Claro está, que no por eso todo lo que es famoso tiene que ser malo. El problema es que cada vez el autor se ve más limitado, no por un poder coercitivo judicial como en el caso de Witz sino por una fuerza más grande: Los intereses económicos.

            El poeta, entonces, no es más que un fenómeno de circo. Un objeto en plena competencia con “un pájaro con pulgas, / un horizonte sin sol, / un perro sin hocico” [16]. Los productos del mercado se conciben siempre en función de sus competidores. Las cosas con que Witz compara al poeta están llenas de simbolismo.

Las aves, según Jean Chevalier, simbolizan los estados espirituales, los estados superiores del ser. En este caso el autor muestra un pájaro con parásitos alimentándose de él. ¿Dónde queda pues, su espíritu y la elevación de su ser? Su preocupación es la continua molestia de los piquetes que lo inhiben y no le dejan ser libre. 

El horizonte representa el porvenir y si no tiene sol, nos habla de un futuro oscuro. Al comparar ese horizonte con el poeta de tres colas, ese poeta que se juzga a sí mismo, la voz desconocida está haciendo un preludio de sus futuras afirmaciones “si le preocupan / los problemas sociales / con sinceridad le decimos/ que nadie los resolverá” [17]. Lo mejor para el poeta es que no piense siquiera, porque cualquier intento de reflexión lo llevará a la oscuridad, a un futuro incierto y desagradable. La empresa se ofrece como una luz de bienestar, ella indica lo que se ha de decir y promete la prosperidad económica.

El perro es el animal que por excelencia defiende a su amo y a su casa. La pregunta es ¿quién es el amo del perro? Si planteamos que el amo es la empresa y el animal no tiene hocico, observamos la plena sumisión del animal con toda su carga humillante y rastrera. Si, en cambio, consideramos que el amo del perro es su conciencia pero no tiene hocico, el significado cambia ligeramente; ya no se trata de una figura lambiscona y traicionera, pero de todas maneras está imposibilitado para expresarse. Así es nuestro poeta de tres colas; crítico de sí mismo, de su situación y la del país en el que vive, pero imposibilitado para decir las cosas que observa con plena libertad.

            Es un fenómeno inaudito, soez y a la vez lamentable y frustrado. Sus tres colas son maravillosas pero de algún modo están limitadas. Vale la pena sin embargo observar como son:

la primera hace milagros,
la segunda cambia de color cada
tres minutos,
y la tercera,
un verdadero enigma,
algunos pensarán inmediatamente
que puede ser el eslabón perdido; [18]

“Después del espectáculo” las colas cobran especial importancia, la voz las elogia como objeto de estudio científico, que indudablemente reportará beneficios futuros y además refiere un incidente crucial:

durante el espectáculo
te llamó la atención el hombre que dijo
casi gritando: “poeta de tres colas, nunca
entres al océano de frente”.

El poeta que se juzga a sí mismo se transforma y las tres colas, significan en mi opinión, los tres caminos que puede seguir: Hacer milagros, cambiar de color, o el enigma. Se entiende que durante el espectáculo el poeta hizo muchos milagros, llamó la atención del público, satisfizo su morbo y sus sentidos en un nivel casi instintivo. Los cambios de color no se mencionan más pero, en mi opinión, representan el juego con los medios, la hipocresía del escritor que da pie a la empresa para dirigir su quehacer fingiendo libertad; el poeta que se vende, como un camaleón, cambia de color a voluntad siempre por su propio beneficio. Y finalmente, el enigma, el eslabón perdido. Me parece que esta tercera vía es la que une al gran poeta con el hombre de carne y hueso, con sus necesidades y sus problemas; sin la ambición de la fama y la fortuna, sólo así como un ser de la misma especie que cuenta con un don que lo distingue, el de hacer poesía.

“Me acepto / y acepto esa derrota que pudre mi cuerpo” [19], dice el poeta al despertar del trance. Esta actitud es la del que se coloca en la postura que le corresponde, asumiendo su clase y su condición social, no rindiéndose sino obrando a partir de lo que es y en relación con sus semejantes.  El poeta, el verdadero poeta, no se deja conducir por la voz que intenta seducirle, ni por los intereses que guían esa voz; de ahí que afirme “no me interesa la rapiña / por ser alguien” [20], palabras que se equiparan a las de Witz respecto de su propio proceso:

El escritor debe asumir las consecuencias de lo que ha escrito. Ha habido momentos muy duros durante todo el proceso y me plantearon en varias ocasiones que yo entregara una carta en la que dijera que me arrepentía de todo para que me perdonaran, y no lo hice porque el poeta debe estar conciente de que sus palabras tienen un valor y de que esas palabras debe sostenerlas [21]

De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta es un texto de resistencia a la sociedad de consumo que quiere hacer de la obra literaria un objeto de compra venta. El poeta de tres colas que se observa a sí mismo, advierte la rareza de su especie, no para vanagloriarse sino para reivindicar la posición del poeta de cara a la realidad actual. El enigma no se resuelve porque la poesía no ofrece respuestas cómodas ni promete autos, casas o dinero. La poesía, como un bien espiritual va más allá de las transacciones pecuniarias en las que se ve involucrada. Witz, tácitamente, cuestiona a los poetas y demás escritores; los enfrenta a la situación en la que se verán si cobran alguna popularidad y parece indicarles que sólo hay tres caminos a seguir, cada quien decide cual es el mejor.

María de Jesús Gómez Lazos es egresada de la Licenciatura en Lengua y Litaraturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.



Notas:

[1] Cruz, Juan Antonio, De poemas, banderas, delitos y malas decisiones. La sentencia de la Suprema Corte sobre el caso Wit, en  Jurídicas unam [http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/facdermx/cont/245/anc/anc21.pdf] tomado el 15 sep 2012.
[2] Avilés, Carlos, El poeta maldito, en El Universal, México,  27 sep 2004 [http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=116120&tabla=nacion] tomado el 15 sep 2012.
[3] Ibíd.
[4] Witz, Sergio, De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta, México: Miguel Ángel Porría, 2005, p. 9.
[5] Ibíd., p. 9.
[6] Ibíd., p. 10.
[7] Ibíd., p. 16.
[8] Íbid., p. 12.
[9] Íbíd., p. 14.
[10] Íbíd., p. 29.
[11] Íbíd., p. 20.
[12] Íbíd., p. 20.
[13] Íbíd., p. 16.
[14] Ibíd., p. 31.
[15] Avilés, Carlos, El poeta maldito, en El Universal, México,  27 sep 2004 [http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=116120&tabla=nacion] tomado el 15 sep 2012.
[16] Witz, Sergio, op. cit., p. 24.
[17] Ibíd., p. 25.
[18] Ibíd., p. 26.
[19] Ibíd., p. 53.
[20] Ibíd., p. 56.
[21] Avilés, Carlos, El poeta maldito, en El Universal, México,  27 sep 2004 [http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=116120&tabla=nacion] tomado el 15 sep 2012.


Obras consultadas:

Avilés, Carlos, El poeta maldito, en El Universal, México,  27 sep 2004 [http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=116120&tabla=nacion] tomado el 15 sep 2012.
Chevalier, Jean y Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Barcelona: Herder, 2009.
Cruz, Juan Antonio, De poemas, banderas, delitos y malas decisiones. La sentencia de la Suprema Corte sobre el caso Wit, en  Jurídicas unam [http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/facdermx/cont/245/anc/anc21.pdf] tomado el 15 sep 2012.
Witz, Sergio, De cómo la mercadotecnia privatiza al poeta. México: Miguel Ángel Porrúa, 2005.