Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de enero de 2013

Albedrío: Daniel Sada


LENGUAJE Y ESTILO
Susana Mota López


La lectura de este rítmico estilo en una novela escrita en prosa causó admiración en los críticos por la innovación y la audacia de la estética narrativa que se plasmó en el lenguaje del discurso por un poeta norteño con su libro Albedrío.  Carlos Sada se decidió a contar la historia de un niño “ranchero”; Chuyito, quien sólo quiere huir de la escuela, de su maestro, de su familia,  de los castigos y regaños que éstos le infligían para involucrarse en una aventura sin futuro con unos “húngaros cineros” y con ellos, en busca de obrar por su soberano albedrío ilusorio, mítico e imaginativo, por seguir la ruta de su destino por azar.
        ¿Mas cómo hacerle para que el lector intuya el ritmo del lenguaje en la narrativa y a la vez se encante con la fluidez rítmica de la diégesis en el discurso?
        El análisis de la novela puede empezar con un fragmento cualquiera visto desde la perspectiva de un narrador omnisciente que cuenta-canta como si fuera un corrido norteño, popular, y descriptivo en el capítulo “La suerte”. Para conocer la métrica en este fragmento se computa la cantidad de sílabas fonéticas que tiene cada verso descomponiendo la fluidez de la prosa en la especial conformación rítmica de un contexto lingüístico en forma de poema:

Ya era plena la mañana cuando el camión arrancó seguido por el bullicio de los niños que escapaban de la escuela, casi de uno por uno, hasta la orilla del pueblo donde al fin se detuvieron los adioses de las manos.[i]

/Ya/ era/  la/  ma/ ña/ na/  cuán/ do/                                8          ó
/el / ca/ mión/ arran/ có/ se/ gui/ do/                               8          ó
/por el/ bu/ lli/ cio/ de/  los/ ni/ ños/                                8          ó
/que es/ ca/ pa/ ban/ de/ la es/ cue/ la, /                           8          á    
/ca/ si/ de/ u/ no/ por/ u/ no, /                                          8          ó
/has/ ta/ la o/ ri/ lla/ del/ pue/ blo/                                   8          ó
/don/ de al/ fin/ se/ de/ tu/ vie/ ron/                                 8         ó
/los/ a/ dio/ ses/ de/ las/ ma/ nos. /                                  8          ó
       
      Como se ve, estos versos así estructurados vienen a ser de ocho sílabas, de arte menor y se les llama octosílabos con rima asonante. ¿Y qué son éstos en poesía? Son los de mayor uso en España por su mejor adaptación a la estructura del grupo fónico del lenguaje popular. Desde los orígenes de nuestra lengua castellana, en la época medieval, en su forma de poesía, se cantaba o recitaba estas historias rurales de la voz popular anónima llamadas “jarchas mozárabes”:[ii] las que desde entonces, gracias a un invento de un poeta árabe del siglo xi, creó la múwáshaba, un poema ingenioso en árabe clásico y lo remataba en una estrofa (jarŷa), o sea “jarcha”, escrita en lenguaje callejero, ya sea vulgar o del romance castellano que debía dar a los versos “sal, ámbar y azúcar”. [iii]
        Esas estrofas tan pequeñas se convirtieron en cancioncillas y luego en romances hasta nuestros días, en que los poetas usan el recurso del octosílabo para formar sus estrofas en la poesía popular. Hasta llegar al corrido mexicano en que se encuentra la misma métrica, el mismo ritmo que se utilizaba en las jarchas, y el mismo sentido de contar historias. La diferencia entre los romances y corridos era que en la primera era una sola rima y en la segunda era cambiante: Un rima que cambia en cada cuarteto. Sin embargo, como la novela no es ni romance ni corrido, no se ajusta puntualmente al canon de la métrica.
       Ya establecido que la novela es un combinación excitante entre lo que pudiera ser un poema narrativo o una narración versificada del norte mexicano, con un lenguaje propio de esos pueblos que nos trae reminiscencias de la variedad rítmica del octosílabo propio de la poesía popular y tradicional hispánica, entonces se pasa a analizar algunas palabras típicas del norte que la gente acostumbra usar hasta idear su propio lenguaje y deformarlo, así, Sada rescata localismos con variantes diatópicas, jerigonzas, dicciones añejas, perdidas y entrañables. Los siguientes vocablos se explicarán siguiendo las normas de la lingüística histórica para conocer las causas del cambio semántico ocurrido en éstos que fueron hallados dentro del discurso:

ü  Huerco: Causa lingüística y social. Del latín Orcus “infierno pagano o cristiano: “Orco”; en el lenguaje antiguo su significado era la muerte, el demonio o Plutón. En el lenguaje popular en un nombre calificativo de persona siempre triste y retirada.[iv] Actualmente, en el norte del país se usa para designar a un muchacho o a un niño muy travieso, y rebelde que implica llamarlo: “demonio de muchacho, condenado muchacho”.[v] El vocablo se encuentra en: “Por miedo de que esas gentes les echara maldición, pues los huercos los veían como diablos indefensos pero con habla pesada y con ojos encendidos”[vi]
ü  Choya: Causa histórica y por interferencia extranjera: Del español cholla “cabeza”, “cráneo” se introdujo a México en 1497 usado en un lenguaje informal. Voz popular y afectiva, de origen incierto, quizá del francés anticuado y dialectal cholle “bola, pelota”, éste del fráncico keula  “maza”[vii]. Supongo e imagino por “masa encefálica” y por ser redonda la cabeza como “bola”. Se visualiza el término en: “Primero los llaman quedo para ofrecerles comida, cuando ya los tienen cerca les dan un palo en la choya”. [viii]
ü  Bato: Se utilizaba para designar a un “tonto” o un “rústico” en 1859, probablemente sacado de batueco “huevo huero”, o sea, “huevo hueco o vacío”, y después en 1607, ya en la acepción figurada se conoció como “grosero, rústico”, y quedó permanente en el nombre de Las Batuecas, derivado de batir por el ruido como de golpes que produce este huevo al sacudirlo dentro de la cáscara. También es otro derivado de baturro “campesino aragonés” y se usaba en 1859.[ix] Ahora se usa en el caló popular como “persona” y en el norte del país: un “muchacho, joven”. La palabra se visualiza en: “Cuatro batos protegidos por un techo. Fume y fume: se reían”.

        El personaje central es la colectividad que habita el desierto: los húngaros cineros, Chuyito, y la comunidad de los pueblos visitados en el viaje. La conversación los desvía momentáneamente de la monotonía, el chismorreo; y la expectación por las novedades les atrae. La palabra en su lenguaje típico del norte del país es su única defensa ante esa soledad distante del desierto.
        Daniel Sada recurre a la técnica de recuperar la memoria del lector acerca de ciertos incidentes dentro de la diégesis de la novela para facilitar el recuerdo mediante sistemas especiales como fórmulas o palabras-clave en algunos párrafos como éste:

Pero pasando unas horas Chuyito se despertó para asomarse perplejo viendo por una rendija la luna que huía del monte o el monte que huía entre golpes de láminas que colgaban. El bamboleo incidental, los boquetes entre nubes, las estrellas confundidas con luces artificiales, las ventanas de las almas: gota o mundo: briagas llamas. [x]

        Este recurso se llama mnemotecnia, y esta imagen provoca recordar las noches de luna en el paisaje norteño, y motiva al lector imaginarse el tronar de las láminas colgadas del camión en movimiento, el mirar hacia el cielo los claros entre las nubes del buen tiempo: un cielo claro y poblado de algunos cúmulos como bolas de algodón, el contemplar a las estrellas como si fueran luces de Bengala o fuegos artificiales, y el evocar los mitos de las tradiciones religiosas: se dice que las estrellas eran las ventanas de las almas que dejaron su gota o mundo existencial en la tierra o en las llamas embriagadas de infierno.
      Concluyo con aseverar que la creación estética que Daniel Sada le imprimió a la novela sugiere al lector interpretar sus otras obras del mismo tenor. Es una delicia encontrarse con una narración versificada. Sada con su estilo divierte, alecciona, educa, transforma y hace recordar. Narra una historia de pueblo y a la vez construye unos personajes en enunciados cortos y largos con una puntuación irregular para transmitir su vena poética.

Susana Mota López está matriculada en la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. 


BIBLIOGRAFÍA
Coromines, Joan, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, Gredos,
2008.
Gómez de Silva, Guido, Diccionario breve de mexicanismos. México, fce, 2008.
Miaja de la Peña, María Teresa, Literatura medieval española. México, unam, 2007.
Sada, Daniel, Albedrío. México, Tusquets, 2001.




[i] Daniel Sada, Albedrío. México, Tusquets, 2001, p. 33.
[ii] María Teresa Miaja de la Peña, Literatura medieval española. México, unam. 2007, p. 3.
[iii] Ibidem.
[iv] María Moliner, Diccionario de uso del español. T. 1, Madrid, Gredos, 2007, p. 1581.
[v] Guido Gómez de Silva, Diccionario breve de mexicanismos. México, fce. 2008, p. 93.
[vi] Sada, op. cit., p. 12.
[vii] Joan Coromines, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, Gredos, 2008,  p. 176.
[viii] Sada, op. cit., p. 14.
[ix] Coromines, op. cit., 69.
[x] Sada, op. cit., p. 38.